16-Abr-2008
Vida nacional
Pablo Hiriart
El golpe, con cargo al erario
Los que tomaron el salón de sesiones de la Cámara de Diputados y el de la Cámara de Senadores, ayer cobraron puntualmente su quincena.
Es, si se quiere, un detalle. Pero los retrata de cuerpo entero.
Ni en eso son congruentes.
Clausuran el Congreso, pero no la caja del Congreso.
Renuncian a legislar, mas no a cobrar.
Aunque se abstuvieron de tomar el recinto alterno donde ayer se despacharon asuntos urgentes, como el permiso para que el Presidente salga del país a reunirse con sus homólogos de Estados Unidos y Canadá, mantienen en su poder el Salón de Plenos del Congreso de la Unión.
¿Con qué derecho toman el recinto legislativo y lo declaran “clausurado”?
Los que contendieron en unas elecciones para ser legisladores, cerraron el espacio constitucionalmente destinado a legislar.
¿Quiénes son ellos para apropiarse del Congreso y evitar que se legisle?
¿Qué pretenden?
¿Quieren que mediante el chantaje de la fuerza se extienda un debate por cuatro meses?
Pamplinas. Ni debate quieren.
Lo que está haciendo el PRD, por instrucciones de Andrés Manuel López Obrador, es echar a andar la maquinaria de la confrontación para tirar al gobierno con la resistencia “pacífica”.
En las negociaciones que se llevan a cabo con el fin de que el PRD, el PT y Convergencia regresen a la vía institucional, ayer se les ofreció un debate de 60 días sobre la reforma energética.
Dos meses en lugar de mes y medio, a cambio de algunas condiciones elementales.
Primero, que liberen el Congreso.
Segundo, que no tomen la tribuna cuando se presente el dictamen de las comisiones que analizarán el proyecto.
Y, tercero, que respeten el debate legislativo y la votación que de él emane.
Parece una obviedad lo que el PRI, el PAN, el Verde y el Panal están pidiendo.
Le están solicitando al FAP que, a cambio de ampliar a dos meses el plazo para el debate sobre la reforma energética, los partidos que integran ese
frente acepten las reglas mínimas de cualquier democracia.
La respuesta, obviamente, va a ser otro rotundo no.
Va a ser negativa porque ya sabemos que a López Obrador y a sus acólitos no les interesa la reforma energética, sino paralizar al país.
Van a decir que no a todo.
Aunque les den los cuatro meses para el debate, van a poner nuevas exigencias con el fin de controlar ellos la discusión nacional.
Se trata del inicio de un golpe de Estado “pacífico” y no de otra cosa.
“Les dan debate y ni así quieren”, cabeceó Excélsior en su edición de ayer.
Claro que no lo quieren.
No hay que ser muy listo para entender que, con la comisión para debatir la reforma energética, va a pasar lo mismo que con la comisión Mouriño.
El PRD batalló y escandalizó hasta que obtuvo lo que pedía y cuando se la dieron dijo que mejor no.
¿Por qué? Porque no tienen argumentos.
Porque no les interesa llegar a la verdad ni les preocupa el país, sino el proyecto personal de López Obrador y el de conspicuos personajes que le acompañan en su aventura golpista.
Ahí está Dante Delgado Rannauro en las primeras planas junto a López Obrador.
¿No fue Dante Delgado el que propuso que Pemex se asociara con empresas privadas para revertir la disminución de reservas de petróleo?
¿No fue Dante Delgado quien propuso que se saquen a la venta acciones de Pemex al sector privado?
¿Lo propuso cuando estaba en el PRI?
No, esas propuestas están en la plataforma electoral 2000-2006 del partido que él preside, cuyo nombre es Convergencia y está en el FAP.
López Obrador propuso asociar a Pemex con el sector privado, para modernizar el sector energético.
¿Por qué el cambio?
Porque quieren desgraciar a México para tomar el poder ellos.
Ya destruyeron a sus partidos.
Convergencia está convertido en una caricatura que reniega de sus documentos para quedar bien con López Obrador.
Y el PRD es “un partido sucio y lastrado” que ha perdido “su condición de instrumento de lucha por la soberanía de la nación y por la democracia” (Cuauhtémoc Cárdenas, 21-3-08).
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